Es día domingo, como siempre las familias se reúnen desde temprano para colocarse al día de las novedades de la semana en la cancha del barrio. Es de cemento pero queda espacio para las barras que se ubican a un costado. Todos apoyan a sus jugadores predilectos, que además son sus familiares. Hay momentos en que cada barra se queda en silencio, en otros en tanto, discuten entre sí los movimientos de los equipos en juego. Pese al esfuerzo, terminan empatados. Ambas barras, celebran entre ensaladas y carne asada.
La niña del balcón
Era un balcón con una arquitectura antigua, adornada con madera que provenía de bosques pasados. Los diseños de aquella casa recordaba historia y bienaventura. Cada mañana, se sentaba una niña acariciando los primeros rayos del sol, sonreía al que pasaba y regalaba un saludo con absoluta gracia. Todos en la cuadra la conocían y comentaban en el almacén de la esquina diferentes explicaciones de por qué nunca salía a jugar a la calle. Un día, la vi salir, estaba en silla de rueda, me miró con alegría y yo, sin pensarlo le regalé una rosa como sello de nuestra amistad.
(Leer más)Invitación en bicicleta
Avanzo en las avenidas a través de mi bicicleta, siento que todo lo que ocurre a mi alrededor se transforma en una gran aventura que me quiere transportar a otra dimensión. Abro mis sentidos, descubro mis emociones ante el mundo y traspaso las fronteras con una gran sonrisa que anuncia una gran gratitud hacia la vida. Otras bicicletas me pasan en velocidad, grandes árboles refrescan mi pasar, niños jugando en la plaza, artistas locales y vendedores ambulantes le otorgan un ajetreo de ciudad. Sigo invitando a disfrutar sobre dos ruedas, con tan sólo exponer mi felicidad en mi rostro.
El mimo encantador
Erase una vez un mimo, un personaje de risibles características, desde su personalidad hasta sus movimientos de cotidianeidad. Hacía recuerdos en la calle principal de la gran ciudad. Su impertinencia hacia los peatones lo hacía un gran artista, pues no hubo nunca una queja, pues hasta la persona más ensimismada y enojada, lograba entrelazar una sonrisa con aquel tejedor de alegrías. Siempre se encargaba de estar en el mismo lugar tanto al comenzar la jornada, como al terminar, aprovechando muy bien la espontaneidad del diario vivir aunque su talento era el mayor aporte. Siempre muy fiel a su misión.
El parque de ensueño
Simón vive en pleno Centro de Santiago y cada día, vigila el Norte desde su balcón del Departamento, pues le gusta sentir las últimas caricias que otorga el sol al atardecer. También le gusta disfrutar del parque forestal. Es mi otro pulmón dice, es parte de mi. Pero también, porque imagina que seres mágicos viven en el parque, que tal como él se bañan de los rayos del sol dejando que caigan a través de las hojas que mantienen el manto verde de ensueño. Dice que es porque experimenta el milagro de la vida a través de él.
Domitila la anciana
Domitila deambula siempre por la plaza de armas, es de carácter gentil y de buenas palabras. Al parecer su pasado no la quiere abandonar del todo. Su itinerario es ya conocido por los que trabajan alrededor, siempre en la mañana pareciera dar gracias a Dios y a un sol que a veces es impedido por tanto smog. A media tarde, come lo que encuentra, pues dice ella que se alimenta de los mensajes atentos, y en la tarde, disfruta de las alegrías de sus compañeros de vista. Nadie sabe de dónde vino y un día, sin más, no regresó jamás.
(Leer más)El carrusel de Luis
Luis nunca se conformaba con sólo mirar el carrusel, suspiraba pensando que algún día podría subir en aquella maravilla pensada en los niños. El colorido de los adornos, las luces despampanantes, los diferentes diseños de aquellos potros indomables que según él podría controlar sin mayor esfuerzo. Se imaginaba subir a la cúspide del cielo, viajando por todo el centro de Santiago, saboreando las nubes como copitos de algodón de azúcar, o bien arriando un coche con cientos de niños poco afortunados como él. Un día, una mujer descifró sus ojos y le invitó a vivir su sueño que jamás abandonó.
El dibujante mágico
Carla y Susy iban pasando por la acera de los artistas de la plaza de armas cuando de repente les llama la atención un dibujante que atraía gran cantidad de público al retratar a un joven. Ellas, entusiasmadas quisieron mirar con atención el retrato. Susy, se entretuvo mirando al joven, en cambio, Carla se endulzaba la vista con las líneas y colores que el dibujante trazaba con suavidad. Los colores y el fondo inventado para dar más vida al personaje fascinaban, pues se trataba de un mundo mágico inventado por sólo ver los ojos que su modelo proyectaba internamente.
Amor de verano
Todas las tardes de este verano caminan tranquilamente por el Cerro Santa Lucía, como si trataran de detener el tiempo y el espacio. Entrelazados como las enredaderas que dejan a su paso, el compromiso del uno al otro es disfrutado en silencio. Suben cuidadosamente por aquellas escaleras hechas de piedra en los tiempos añejos. Llegan a la cima, deleitándose con una postal que no tiene límites y fronteras. Sienten que su unión es una complicidad de este paisaje, sentados mirando hacia el sur, él la mira atentamente y con dulzura recoge su cabello y se une mirando perdidamente el horizonte.
El barco de los sueños
Iba el barquito haciendo de trotamundos a través del sendero, recorría acopiando sueños, de satisfacer la imaginación y el anhelo de atravesar mundos increíbles y gloriosos como Simbad, concentrado atravesando con resistencia y terquedad las tormentas que iban a su paso bajo un manto de arcoíris que se formaba al final de la fuente por una cascada que atravesaba su camino. El barquito continuaba con su aventura bajo las miradas absortas de muchos que soportaban el calor de verano, pues su misión especial era provocar el milagro de una sonrisa en Daniel, su dueño.

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